"Mano negra no se raja"
A la mejor se acuerdan, pues no hace mucho que pasó que el señor gobernador del estado anunció un generoso donativo de noventa milloncejos para la construcción del santuario de los mártires, habiendo entregado en ese acto al señor Juan Manuel Hernández, representante del patronato pro construcción del santuario, como adelanto, la suma de treinta millones de devaluados, según dijo el tlatoani, producto de ahorritos del gobierno del estado. Ante este anuncio, muchos ciudadanos se molestaron y algunos ejercieron su derecho a pataleo. Ante las protestas, el señor Hernández quiso corregir la plana y dijo que la lana no era para el santuario sino para una guardería, hospedería y una escuela que ahí se instalaría. No tuvo mucho éxito su deseo de aminorar la furia de los orantes, pero mientras se discutía lo dicho por el pío tesorero, el gobernador dijo que ni máiz, que no se rajaba, que la lana la dio para el santuario y aquí fue donde recordé la historia del mano negra.
La historia es vieja y se cuenta así: al entrar al salón de clases donde impartía su sabiduría una maestra, además de enfrentarse con sus alumnos se encontró conque en el pizarrón había una pinta que decía “chingue su madre la maestra”, lo cual le produjo un profundo dolor, ya que en aquellos tiempos eso era considerado como una ordinariez inaceptable en un niño decente. Siempre pensando en la educación de los niños, consideró que podía corregir esa falla en el educando y dirigiéndose al grupo les dijo: esta vulgaridad es inaceptable, al niño que escribió esto se le va a poner la mano negra, pero vamos a cerrar los ojos para que el niño culpable sienta su villanía y, arrepintiéndose, borre lo que escribió. Acto seguido la maestra y los compañeros del perdulario en ciernes cerraron los ojos un par de minutos y al abrirlos miraron al pizarrón para ver si el infamante escrito había desaparecido y para su sorpresa encontraron uno nuevo que decía: ”mano negra no se raja, chingue su madre la maestra”.
Claro que eran otros tiempos en que se cuidaba el lenguaje y las formas, siendo solo permitido decirlas a los carretoneros pero nunca a la gente decente, ahora que, pensándolo bien es cuando menos cuestionable que los políticos lo sean.
Esto me hizo recordar otra pinta, ésta hecha por un presidente municipal de la cuatro veces heroica Veracruz al que acusaban, al parecer con justicia, de que sus hermanos y hermanas eran, como se decía antes, de “conducta distraída”, o sea muy alegritos en los placeres de la carne. Harto por el acoso de los gobernados y yo creo que de los medios que parecen gozar con las desgracias de nuestros sacrificados gobernantes, pensó qué hacer y al día siguiente apareció frente a la presidencia municipal un letrero que decía “el que en su casa no haya putos, putas o cabrones que me tache estos renglones”… y nadie se los tachó.


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