Categoría: Francisco Ramírez Acuña
Perfil Político: el final de un sueño en Bucarelli
AL VIEJO ESTILO. Resulta irónico comprobar que pese a que el PAN ya lleva su segundo sexenio en Los Pinos, en la práctica las formas siguen siendo las mismas que por décadas aplicó el PRI. De entrada la salida de Beatriz Zavala de la Secretaría de Desarrollo Social fue presentada como una renuncia voluntaria debido a que la señora había decidido regresar al Congreso y asumir al mismo tiempo un cargo en el nuevo Comité Ejecutivo Nacional del PAN. Sin embargo muy pronto trascendió que en realidad Calderón había decidido la renuncia de Zavala porque sintió que la Sedesol no estaba siendo operada como debía, especialmente durante los días de las inundaciones en Tabasco y Chiapas donde los protagonistas fueron los gobernadores y no el gobierno federal. Hoy sabemos también que al mismo tiempo Calderón había decidido hacer el relevo en la Secretaría de Gobernación, sin embargo éste no pudo ser concretado el mismo día por una pequeña razón: Francisco Ramírez Acuña se negaba a presentar su renuncia, una renuncia a todas luces inesperada para él. Y es que Felipe Calderón lo quiso mandar a Chile, como embajador de México, pero Francisco Ramírez Acuña rechazó la oferta. Por eso ayer a las ocho de la mañana pudo darse el lujo de leer un breve discurso en el que anunciaba su renuncia a la Segob para dedicarse a asuntos personales. Para desgracia de los dos removidos, es vox populi que en este país nadie se da el lujo de presentarle su renuncia al Presidente, mucho menos a dos carteras tan importantes en el arranque del sexenio. Francisco Ramírez Acuña, catalogado en Jalisco como el más priísta de los panistas, tuvo que recurrir a su vieja formación política para resistir de pie el trancazo que su ex ahijado Calderón le propinó, rompiendo sus sueños de ser finalista en la carrera panista por la candidatura presidencial del 2012.
PREPARANDO EL ESQUEMA. Pero precisamente eso es lo que hizo ayer Felipe Calderón Hinojosa con los cambios en las secretarías más importantes del gabinete: proyectar a dos grandes presidenciables que desde ahora empezarán a tejer fino para llegar muy bien posicionados a la antesala de la contienda presidencial. Hoy queda muy claro que el Felipe Calderón ingenuo ya no despacha en Los Pinos. Ese presidente disfrazado de soldadito de chocolate que nos presentaron los caricaturistas políticos ya creció y parece haber tomado un curso intensivo de Maquiavelo Para Avanzados, porque despedir a Francisco Acuña Ramírez de la Secretaría de Gobernación justo después de haber cumplido apenas el primer año de gobierno es una jugada cruel y grosera para quien se atrevió a desafiar al presidente Vicente Fox jugándole la contra en la sucesión presidencial. Para fortuna de Francisco Ramírez Acuña y Felipe Calderón, el presidente Vicente Fox era un mandatario blandito, porque si hubiera tenido la mitad de los arrestos de Carlos Salinas de Gortari lo mínimo que les hubiera tocado por ese madruguete habría sido el destierro, si no es que la destitución y la cárcel. Ahora el propio Felipe Calderón está dejando muy claro que él no es Vicente Fox, que él sí tiene el control del país, y para eso ha puesto a sus dos delfines en las posiciones más importantes del gabinete. Juan Camilo Mouriño en la Secretaría de Gobernación y Ernesto Cordero en la Secretaría de Desarrollo Social son desde ahora los dos proyectos presidenciables de Felipe Calderón, aunque es obvio que el que más le interesa es Juan Camilo Mouriño, visto desde la campaña presidencial como el hombre más cercano a Felipe Calderón.
LAS PERAS DEL OLMO. Es altamente probable que el nombramiento de Ernesto Cordero en la Secretaría de Desarrollo Social sea muy atinado, especialmente porque su perfil es más técnico que político. En cambio la llegada de Juan Camilo Mouriño ya es vista por los analistas como una jugada prematura de Felipe Calderón, porque una cosa es operar desde Los Pinos con todo el respaldo del presidente y otra muy distinta hacerlo abiertamente desde la Secretaría de Gobernación. Si algo hizo perfectamente bien Francisco Ramírez Acuña durante el primer año de Felipe Calderón fue convertir a la Segob en un pararrayos que desviaba cualquier descarga hacia Los Pinos. Instalado en su papel de “tírenle al negro”, Ramírez Acuña sólo sirvió para recibir golpe tras golpe, mientras Juan Camilo Mouriño hacía el trabajo político verdadero desde la antesala de la oficina presidencial. Ahora el español nacionalizado mexicano tendrá que operar a la luz del sol, lejos de la sombra de Los Pinos, asumiendo el desgaste natural que esa dependencia implica. Por lo tanto es altamente posible que llegue terriblemente desfigurado al 2012, poniendo en riesgo el proyecto transexenal de Felipe Calderón. Precisamente por eso, por ser visto desde ahora como el delfín de Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño tendrá por delante cuatro años muy complicados, recibiendo fuego amigo y fuego enemigo. Porque es obvio que Francisco Ramírez Acuña no se regresará a Guadalajara a tejer chambritas, sino a buscar la forma de cobrar venganza. Máxime que está convencido de que conoce la fórmula para derrotar al Presidente cuando se trata de la sucesión presidencial. Tal vez habría hecho bien Ramírez Acuña en entender que Felipe Calderón no es Fox y que le hubiera convenido irse cuatro años a Chile, pero es evidente que salió de Bucarelli sin saber que la venganza es un plato que se disfruta más cuando está frío.
Ramírez Acuña, cuota de un presidencialismo sobrecargado
Los cambios en el gabinete no son cosa nueva. Lecturas pueden hacerse muchas porque muy pocos creerán que se trata de motivos personales como se dijo durante el relevo.
Pueden mencionarse varios puntos: 1.- El inicio de una carrera presidencial erróneamente impulsada por el propio titular de ejecutivo, desde la presidencia del partido, desde la SEDESOL (también con nuevo encargado) y ahora desde SEGOB.
2.- El relevo de los tecnócratas por los políticos, película ya vista durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y
3.- Un golpe de timón en el actual sexenio, similar al que dio Felipe Calderón durante su campaña a la presidencia, una vez que pagó los favores, precisamente de esa campaña.
El análisis, sin embargo, deberá pasar por la sobrecarga que afecta a un sistema presidencialista en el ejercicio de gobierno y la necesidad de cambiar los fusibles para tomar nuevos aires apenas cumplido un año de ejercicio.
De los fusibles que sobrecargaron en esta ocasión el sistema presidencialista puede citarse el de la inseguridad en las calles de varios estados, el fantasma del EPR y una mala relación con el Congreso de la Unión.
El presidente de la república necesitaba una válvula de escape y la encontró en Ramírez Acuña, a quien se le pagó ya el favor de haber destapado a Felipe Calderón un 29 de mayo de 2004 en Jalisco y de haber enfrentado, juntos, al expresidente Vicente Fox, cuando corrió al entonces secretario de energía y regañó públicamente al entonces gobernador de Jalisco.
Queda claro que Ramírez Acuña fue un secretario de transición, mientras se acomodaban las piezas del ajedrez y los amigos más cercanos a Calderón Hinojosa se encarrilaran en la toma de decisiones, que, dicen algunos, se tomaban desde hace meses en Los Pinos y no en la Secretaría de gobernación. En ese sentido es una salida muy diplomática entender que si no se manda el cargo no sirve de nada.
Como buen político, Ramírez Acuña cumplió en su año y mes y medio con su trabajo porque estaba mandado para eso: usó la mano dura en los momentos necesarios, uno de ellos durante la toma de posesión del propio presidente de la República, cuando todavía se dudaba que pudiera hacerlo.
Pero ya no es la figura que se requiere y vemos una película que ya pasó en México en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.
A futuro queda ver si se continúa con la lucha contra el narcotráfico y determinar si fue para buscar mejores resultados o sólo para rodearse de un equipo más cercano.


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