Los viajes como forma de gobierno
Guadalajara, Jalisco. Noviembre 21.- Los viajes de funcionarios públicos por sí mismos no son malos, al menos no al grado en que han sido satanizados, principalmente por los medios de comunicación, como tampoco son malas varias de las obras de gobierno que se proyectan o se prometen al inicio de cualquier administración.
El problema, que ha rebasado a los propios funcionarios, es principalmente el abuso en que han caído y los pocos, escasos o nulos resultados que se han obtenido con ellos.
En Jalisco, no hay alcalde que no quiera viajar durante su administración y el motivo debe de ser lo de menos. Se inventa.
Recién llegó la comitiva del municipio de Tala (veinte funcionarios de una población de apenas cincuenta mil habitantes que hermanó con una población española de seis mil habitantes y para lo cual visitó tres continentes) cuando ya preparan maletas los alcaldes de Guadalajara y Zapopan, o el alcalde de Puerto Vallarta vuelve de Canadá, sin motivo alguno pero sí con dinero de los contribuyentes.
En Tonalá, uno de los motivos de defensa para evitar que el alcalde Jorge Vizcarra sea involucrado en el asesinato de uno de sus funcionarios es precisamente que andaba de viaje en los días que se planearon los hechos. Pero además no era el único viaje que había hecho en los pocos meses que lleva de administración.
El de Zapopan es un caso ejemplar en lo que a dispendio presupuestal en materia de viajes se refiere: estuvo en París, Barcelona, Houston, Cancún y ahora Perú, en puerta con regreso hasta el próximo lunes.
El problema, que ha rebasado a los propios funcionarios, es principalmente el abuso en que han caído y los pocos, escasos o nulos resultados que se han obtenido con ellos.
En Jalisco, no hay alcalde que no quiera viajar durante su administración y el motivo debe de ser lo de menos. Se inventa.
Recién llegó la comitiva del municipio de Tala (veinte funcionarios de una población de apenas cincuenta mil habitantes que hermanó con una población española de seis mil habitantes y para lo cual visitó tres continentes) cuando ya preparan maletas los alcaldes de Guadalajara y Zapopan, o el alcalde de Puerto Vallarta vuelve de Canadá, sin motivo alguno pero sí con dinero de los contribuyentes.
En Tonalá, uno de los motivos de defensa para evitar que el alcalde Jorge Vizcarra sea involucrado en el asesinato de uno de sus funcionarios es precisamente que andaba de viaje en los días que se planearon los hechos. Pero además no era el único viaje que había hecho en los pocos meses que lleva de administración.
El de Zapopan es un caso ejemplar en lo que a dispendio presupuestal en materia de viajes se refiere: estuvo en París, Barcelona, Houston, Cancún y ahora Perú, en puerta con regreso hasta el próximo lunes.
El secretario de vialidad, Manuel Verdín, llega de Barcelona, dos meses después de bajarse de un avión que lo trajo de Helsinki, Finlandia, junto con el coordinador del transporte público, Diego Monraz, a quienes no se les ha visto todavía su plan de movilidad, a pesar de que está convertido en el proyecto más importante de esta administración.
De los cuarenta diputdos diez andaban por diferentes puntos del planeta, unos en España, otros en Alemania y otros más en Estados Unidos, donde acompañaron a consejeros electorales... y la llista puede seguir interminablemente.
Y no es que en el fondo los viajes sean tan malos por sí mismos, insistimos, el problema es que de los viajes del alcalde zapopano, cuya principal virtud es haberse incrementado su sueldo 65 por ciento, es que de esos viajes no ha resultado nada, salvo una copia, pirateada por lo demás porque la quiso hacer pasar como propia, de un plan de movilidad urbana que se pudo haber “bajado” de la Internet sin mayores costos.
El problema es para qué se viaja y cuáles son los beneficios que reportan a una buena administración, que en el fondo se convierte en el problema porque tampoco están haciendo el trabajo para el que fueron electos.
El problema es para qué se viaja y cuáles son los beneficios que reportan a una buena administración, que en el fondo se convierte en el problema porque tampoco están haciendo el trabajo para el que fueron electos.
Y el problema es que lejos estamos, siquiera, de aquella sentencia de que los "viajes ilustran" porque entonces las aeromozas serían premios Nobel... y nuestros alcaldes y funcionarios, también.


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