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Contradictorio y mediático, el primer año de Calderón

MEXICO. D.F.- El presidente de la república, Felipe Calderón Hinojosa, cumplió un año en el ejercicio de gobierno. La evaluación de quienes el seis de julio del 2006 votaron por el él, califican su gestión como positiva. Quienes votaron en contra, todo lo contrario.
En medio una población que más allá de posturas partidistas sufre una mayor carestía y que se avizora mucho más grave a inicios del próximo año.
Los presidentes podrán imponer su sello particular el festejo del primer año: Vicente Fox se casó en la residencia oficial de Los Pinos, por ejemplo, y Calderón ofreció un desayuno de huchepos y corundas, platillos típicos de su estado natal, Michoacán, mismo que electoralmente perdió apenas un mes atrás a manos del Partido de la Revolución Democrática.
El problema de la evaluación de una administración es la referencia que se utilice en la medida de que todo es relativo: Felipe Calderón está mejor o peor que un Tribunal Electoral que aceptó que el poder ejecutivo violó la ley, pero tantito.
El presidente está mejor o peor que la Suprema Corte de Justicia de la Nación que acepta que el “Gober Precioso” de Puebla violó los derechos fundamentales de la periodista Lydia Cacho, pero poquito.
El trabajo del primer año calderonista es mejor o peor que su antecesor Vicente Fox, que no se atrevió a nada, pero que el primer año mantenía el halo de la legitimidad ganada en las urnas.
Los hechos nos dicen que la columna vertebral del gobierno calderonista pasa por las reformas constitucionales que realiza el congreso de la Unión, pero negociada a cambio de impunidades como las cometidas en Puebla.
La lucha antinarcotráfico ha marcado el sexenio pero arroja mejores resultados en los medios de comunicación que en los hechos, pues presume de quince mil detenidos pero sólo 300 procesados, lo que significaría que catorce mil 700 supuestos narcotraficantes fueron detenidos “por equivocación” o las detenciones fueron mal hechas.
Contradictorio o no, el gobierno calderonista es mediático y el conducto, los medios de comunicación, es, curiosamente, uno de los más golpeados en su sexenio, al menos en el primer año de ejercicio.


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