IFE, La tentación de caer en el reparto de cuotas
DEPENDEN ACUERDOS DEL HUMOR DE LOS COORDINADORES
GUADALAJARA, Jalisco. Enero 15.- Pospuesta la decisión desde hace un mes, este martes la comisión encargada de elegir a tres consejeros del Instituto Federal Electoral para sustituir al presidente Luis Carlos Ugalde y dos consejeros más retomó el tema.
Llama la atención que además de su incapacidad para alcanzar un acuerdo en el tiempo que los mismos diputados se habían establecido (13 de diciembre) ahora pretendan elegir seis consejeros, en lugar de los tres, y así ganarle tiempo a su programación de continuar con los relevos escalonados que se habían propuesto para el mes de agosto.
Y llama la atención por dos motivos: querer suplir la incapacidad de los diputados para alcanzar este acuerdo precisamente abriendo la cartera a mayor número de aspirantes y porque perjudican a quienes vieron mayores posibilidades de alcanzar el cargo en el próximo mes de agosto, en un proceso menos manoseados y sin tantos reflectores como el que estamos viviendo.
El meollo del asunto es que será inevitable caer en la tentación del reparto de cuotas entre los partidos políticos, situación que precisamente busca salvarse con los relevos escalonados.
Con seis consejeros podrán repartirse dos consejeros para cada partido político de los tres principales que participan en la negociación y nuevamente estaríamos ante un IFE partidizado, muy lejano a aquel en que destacó José Woldenberg y que marcó un hito en la organización de procesos electorales.
Mientras los diputados no pongan reglas claras para la selección y respeten sus propios acuerdos, este tipo de decisiones siempre se verán atacadas por dos virus: en primer lugar se descalificará a los mejores debido a señalamientos, relación o propuestas de algún partido político específico e inevitablemente se elegirá a los siguientes de la lista con un perfil más bajo.
La otra muy lamentable es que dependerá del humor o el estado de ánimo con el que amanezcan los diputados para medir la capacidad de alcanzar un acuerdo.
Mientras, los ocho consejeros que todavía trabajan en el IFE se mantienen en la incertidumbre.
Llama la atención que además de su incapacidad para alcanzar un acuerdo en el tiempo que los mismos diputados se habían establecido (13 de diciembre) ahora pretendan elegir seis consejeros, en lugar de los tres, y así ganarle tiempo a su programación de continuar con los relevos escalonados que se habían propuesto para el mes de agosto.
Y llama la atención por dos motivos: querer suplir la incapacidad de los diputados para alcanzar este acuerdo precisamente abriendo la cartera a mayor número de aspirantes y porque perjudican a quienes vieron mayores posibilidades de alcanzar el cargo en el próximo mes de agosto, en un proceso menos manoseados y sin tantos reflectores como el que estamos viviendo.
El meollo del asunto es que será inevitable caer en la tentación del reparto de cuotas entre los partidos políticos, situación que precisamente busca salvarse con los relevos escalonados.
Con seis consejeros podrán repartirse dos consejeros para cada partido político de los tres principales que participan en la negociación y nuevamente estaríamos ante un IFE partidizado, muy lejano a aquel en que destacó José Woldenberg y que marcó un hito en la organización de procesos electorales.
Mientras los diputados no pongan reglas claras para la selección y respeten sus propios acuerdos, este tipo de decisiones siempre se verán atacadas por dos virus: en primer lugar se descalificará a los mejores debido a señalamientos, relación o propuestas de algún partido político específico e inevitablemente se elegirá a los siguientes de la lista con un perfil más bajo.
La otra muy lamentable es que dependerá del humor o el estado de ánimo con el que amanezcan los diputados para medir la capacidad de alcanzar un acuerdo.
Mientras, los ocho consejeros que todavía trabajan en el IFE se mantienen en la incertidumbre.


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