La cristiada: Lucha de mucho corazón y poco análisis
Por Carlos ENRIGUE ZULOAGA
Con motivo de la megalimosna se ha provocado mucha desinformación y es por eso que considero adecuado aclarar ciertos puntos que me parece permanecen confusos aún para gentes de buena voluntad, independientemente de la legalidad o ilegalidad del donativo y de la conveniencia o no de hacer un santuario.
En el santuario de los mártires de Jalisco, que no como se ha dicho son mártires cristeros, se venerarán como santos a una serie de sacerdotes ejecutados, según la Iglesia, en odio a la fe.
Hay muchas personas que dicen que el templo debería hacerse en los Altos, de donde provenían, cuestión que no es cierto, ya que de los 15 santos cuyo culto se venerará tan sólo había tres que eran de los Altos: Pedro Esqueda, de San Juan de los Lagos; Atilano Cruz y Román Adame de Teocaltiche, todos los demás eran originarios de sitios que no tienen nada que ver con los Altos de Jalisco y, así, Cristóbal Magallanes era de Totatiche, Agustín Caloca y José Isabel Flores, aunque de muy diferente edad, eran de El Teúl Zacatecas, José María Robles era de Mascota, David Galván, de Guadalajara; Justino Orona, de Atoyac; Julio Álvarez, de Guadalajara; Rodrigo Alemán, de Sayula; Tranquilino Ubiarco, de Zapotlán; Sabas Reyes, de Cocula; Genaro Sánchez, de Zapopan, y Toribio Romo, de Santa Ana.
En cuanto a su muerte, tan sólo fueron sacrificados en los Altos Julio Alvarez, en San Julián; Pedro Esqueda, en Teocatitlán, cerca de San Juan de los Lagos, y Tranquilino Ubiarco, en Tepatitlán. Todos los demás murieron: Magallanes, en Colotlán, junto con Caloca; Robles, en Quila; Corona, junto con Cruz, en Cuquío; Alemán, en Ejutla; Genaro Sánchez, en Tecolotlán; José Isabel Flores, en Zapotlanejo; Sabás Reyes, en Tototlán, y Toribio Romo, en Tequila.
Ninguno de los antes mencionados fue cristero, ninguno tomó las armas y hay escritos por ejemplo del padre Magallanes que condenó explícitamente la lucha armada por ser alejada de lo que Cristo enseñó y estableció “Que las armas de la Iglesia son el convencimiento y la persuasión por medio de la palabra”, vamos, ni siquiera todos murieron durante la cristiada: el padre David Galván fue asesinado en Guadalajara el 30 de enero de 1915.
La Iglesia establece, hasta donde yo entiendo, que la causa del martirio es cuando la muerte se da por odio a la fe, es decir que no importa para ese efecto el estado de vida del martirizado, sino que el acto se dé por una situación personal como era en este hecho la circunstancia de que fueran sacerdotes y estuvieran ejerciendo. Hay además casos tan particulares como el de Atilano Cruz que, muy joven (25 años), recibió la orden presbiteral, en un lugar no determinado de la barranca, de manos de Francisco Orozco y Jiménez, un año antes de su martirio; Arzobispo de Guadalajara, que tampoco era cristero, como lo prueba una carta del General Gorostieta, líder militar de los cristeros que envió a los líderes de la liga nacional de defensa religiosa, que se suponía que eran los jefes intelectuales del movimiento quejándose que monseñor Orozco nunca quiso recibirlo, pues el obispo estaba escondido en la barranca proporcionando servicios religiosos a quienes podía.
Hay casos tan curiosos como el de José Isabel Flores, quien fue fusilado junto con un soldado que se negó a matarlo.
La cristiada fue una lucha de mucho corazón y poco análisis, ya que la mayoría de los cristeros se levantó porque “el gobierno había cerrado las Iglesias” cuando en realidad fue la Iglesia la que suspendió el culto, en virtud de considerar que las condiciones sociales no permitían que éste se diera.
Otro hecho curioso que consigna Jean Meyer en su libro “La Cristiada” (que considero es el mejor de la materia) establece el poco apoyo que los obispos dieron al movimiento y así establece que probablemente el único que los apoyó fue González y Valencia, luego había un grupo como Orozco y Jiménez que no los apoyaba pero no los condenaba y la gran mayoría que abiertamente no los apoyaban y por ahí hay hasta algún decreto de excomunión del que nunca se enteraron.
Varios murieron en el mismo acto como Magallanes y Caloca, muertos en Colotlán el 25 de mayo de 1927, y aquí hay una prueba de que la muerte se dio porque eran sacerdotes, ya que con Agustín Caloca agarraron a Rafael Haro, que entonces era seminarista y como no era cura lo dejaron que se fuera, con lo que se prueba que tan sólo buscaban a los curas. Corona y Cruz fueros asesinados juntos en Las Cruces el 1 de julio de 1928.
En cuanto a edades, 7 andaban sesenteando y cinco tenían menos de treinta.
Como en todos los conflictos, especialmente los armados, hubo en nombre de Cristo y en su contra crímenes atroces y en cada bando hubo héroes y villanos, pero ninguno de ellos fue considerado santo por ese hecho.
Por desgracia el tema es amplísimo y nuestro tiempo muy corto, por lo que sólo deseo hacer la aclaración y sin ánimo de influir sino simplemente de informar, termino con aquello de que culpas son del tiempo y no de España.
En el santuario de los mártires de Jalisco, que no como se ha dicho son mártires cristeros, se venerarán como santos a una serie de sacerdotes ejecutados, según la Iglesia, en odio a la fe.
Hay muchas personas que dicen que el templo debería hacerse en los Altos, de donde provenían, cuestión que no es cierto, ya que de los 15 santos cuyo culto se venerará tan sólo había tres que eran de los Altos: Pedro Esqueda, de San Juan de los Lagos; Atilano Cruz y Román Adame de Teocaltiche, todos los demás eran originarios de sitios que no tienen nada que ver con los Altos de Jalisco y, así, Cristóbal Magallanes era de Totatiche, Agustín Caloca y José Isabel Flores, aunque de muy diferente edad, eran de El Teúl Zacatecas, José María Robles era de Mascota, David Galván, de Guadalajara; Justino Orona, de Atoyac; Julio Álvarez, de Guadalajara; Rodrigo Alemán, de Sayula; Tranquilino Ubiarco, de Zapotlán; Sabas Reyes, de Cocula; Genaro Sánchez, de Zapopan, y Toribio Romo, de Santa Ana.
En cuanto a su muerte, tan sólo fueron sacrificados en los Altos Julio Alvarez, en San Julián; Pedro Esqueda, en Teocatitlán, cerca de San Juan de los Lagos, y Tranquilino Ubiarco, en Tepatitlán. Todos los demás murieron: Magallanes, en Colotlán, junto con Caloca; Robles, en Quila; Corona, junto con Cruz, en Cuquío; Alemán, en Ejutla; Genaro Sánchez, en Tecolotlán; José Isabel Flores, en Zapotlanejo; Sabás Reyes, en Tototlán, y Toribio Romo, en Tequila.
Ninguno de los antes mencionados fue cristero, ninguno tomó las armas y hay escritos por ejemplo del padre Magallanes que condenó explícitamente la lucha armada por ser alejada de lo que Cristo enseñó y estableció “Que las armas de la Iglesia son el convencimiento y la persuasión por medio de la palabra”, vamos, ni siquiera todos murieron durante la cristiada: el padre David Galván fue asesinado en Guadalajara el 30 de enero de 1915.
La Iglesia establece, hasta donde yo entiendo, que la causa del martirio es cuando la muerte se da por odio a la fe, es decir que no importa para ese efecto el estado de vida del martirizado, sino que el acto se dé por una situación personal como era en este hecho la circunstancia de que fueran sacerdotes y estuvieran ejerciendo. Hay además casos tan particulares como el de Atilano Cruz que, muy joven (25 años), recibió la orden presbiteral, en un lugar no determinado de la barranca, de manos de Francisco Orozco y Jiménez, un año antes de su martirio; Arzobispo de Guadalajara, que tampoco era cristero, como lo prueba una carta del General Gorostieta, líder militar de los cristeros que envió a los líderes de la liga nacional de defensa religiosa, que se suponía que eran los jefes intelectuales del movimiento quejándose que monseñor Orozco nunca quiso recibirlo, pues el obispo estaba escondido en la barranca proporcionando servicios religiosos a quienes podía.
Hay casos tan curiosos como el de José Isabel Flores, quien fue fusilado junto con un soldado que se negó a matarlo.
La cristiada fue una lucha de mucho corazón y poco análisis, ya que la mayoría de los cristeros se levantó porque “el gobierno había cerrado las Iglesias” cuando en realidad fue la Iglesia la que suspendió el culto, en virtud de considerar que las condiciones sociales no permitían que éste se diera.
Otro hecho curioso que consigna Jean Meyer en su libro “La Cristiada” (que considero es el mejor de la materia) establece el poco apoyo que los obispos dieron al movimiento y así establece que probablemente el único que los apoyó fue González y Valencia, luego había un grupo como Orozco y Jiménez que no los apoyaba pero no los condenaba y la gran mayoría que abiertamente no los apoyaban y por ahí hay hasta algún decreto de excomunión del que nunca se enteraron.
Varios murieron en el mismo acto como Magallanes y Caloca, muertos en Colotlán el 25 de mayo de 1927, y aquí hay una prueba de que la muerte se dio porque eran sacerdotes, ya que con Agustín Caloca agarraron a Rafael Haro, que entonces era seminarista y como no era cura lo dejaron que se fuera, con lo que se prueba que tan sólo buscaban a los curas. Corona y Cruz fueros asesinados juntos en Las Cruces el 1 de julio de 1928.
En cuanto a edades, 7 andaban sesenteando y cinco tenían menos de treinta.
Como en todos los conflictos, especialmente los armados, hubo en nombre de Cristo y en su contra crímenes atroces y en cada bando hubo héroes y villanos, pero ninguno de ellos fue considerado santo por ese hecho.
Por desgracia el tema es amplísimo y nuestro tiempo muy corto, por lo que sólo deseo hacer la aclaración y sin ánimo de influir sino simplemente de informar, termino con aquello de que culpas son del tiempo y no de España.


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Don Enrigue,en el capítulo relacionado a la revolución cristera, Luis González señala que uno de los motivos por los que San José de Gracia ingresó al movimiento fue “la salida de Jesús, José y María, según los decires de las mujeres que salieron a barrer apenas amanecido y encontraron seis huellas: dos de criatura, dos de mujer y hombre grandes”. La huelas no las pudieron borrar con la escoba ni lavándolas, lo que les empezó a oler a milagro porque salían de la Iglesia y se iban al camino real y no les quedó duda que la sagrada familia era la prófuga y que veían desinterés de los habitantes de San José para sumarse a la causa.
Felicidades por su blog.