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decisiones compartidas y fracasos personales

Guadalajara, Jalisco. Mayo 06.- El clima de declaraciones absurdas, como califica nuestra lectora Mónica Ortiz la falta de políticos preparados y religiosos con vocación, se mantiene en el primer nivel de la administración, que prefiere cerrar los ojos y eliminar los problemas por decreto en lugar de tomar soluciones y apostarle al olvido.
Por eso es entendible que la declaración del secretario general de gobierno, Fernando Guzmán Pérez Peláez, en el sentido de que la macrolimosna y la gubernamentada sólo es una página que ya pasó y no importe porque el gobierno escribe un libro de la administración, ocupe, hoy en día, las primera páginas de la crítica.
De Guzmán Pérez Peláez puede decirse que es un funcionario que ha estado lejos de los daños que implica el ejercicio de gobierno, a pesar de moverse en el primer círculo de la toma de decisiones. Pareciera más preocupado en cuidar la figura, para lo que se ofrezca más adelante, que en ponerse el overol y compartir los desatinos o las decisiones más controvertidas del gobernador.
Cabe señalar que en algunas de esas decisiones controvertidas el secretario general de gobierno es el promotor directo, como lo es también de algunas que no han cobrado demasiado vuelo como el pago de más de tres millones de pesos al abogado Juan Antonio Ortega, por darle seguimiento al caso Posadas Ocampo, a catorce años de distancia.
En otros tiempos, la figura de secretario general servía como pararrayos de la administración, las buenas eran para que las presumiera el 01. En la actual admistración todas las asume el jefe del ejecutivo y nadie hace un recuento de daños. Todo es culpa del gobernador.
No hay quien, desde el gabinete, meta las manos por él, sea cual sea la materia de que se trate: si es salud, si es ecología, si es comunicación, si es agua. Nadie lo cuida.
El problema ahora se complica porque cada vez son más las malas que las buenas y tal situación se mantendrá mientras los directamente responsables no asuman las consecuencias de sus actos.
Esa consecuencia, sin embargo, está muy lejos de ser asumida si, como se ha visto, están muy lejos de realizar una evaluación y un recuento de daños a cada acto que realizan porque encontraron la respuesta en el cinismo político: sí me equivoco, ¿y qué?.
Decir que la “gubernamentada” es una página pero el gobierno escribe un libro, se compara a la primera declaración valemadrista del gobernador cuando le preguntaron sobre la evaluación de sus primeros cien días de gobierno y contestó que él trabajaba para una administración de seis años.
Ambas declaraciones son muy parecidas en el fondo, la diferencia es que una la hizo el 01 y la otra el 02 de la administración que se niega a realizar la labor de sacrificio a la que antaño esta figura estaba obligada.
Y no es exculpar al 01, en todo caso la primera culpa es del gobernador por haberlos nombrado y a no ser que quieran mantener la imagen absolutista de un gobernador que con unas copas de más es capaz de declarar "el estado soy yo".
Se trata de hacer un necesario recuento de fracasos compartidos en el que cada quien asuma las consecuencias.
Pero no se les ve la mínima intención, salvo apostar que a la gente se le olvidarán los agravios y la mala administración, con lo cual mantienen la imagen de que Jalisco les quedó demasiado grande y si Jalisco no es demasiado grande entonces ellos quedaron chiquitos.


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